La AAP abre con una frase que conviene tener a mano para el súper, la fiesta familiar y el consultorio: «las rabietas o berrinches son parte normal del desarrollo». Ocurren sobre todo entre el año y los tres años, y suelen calmarse después de los 3 — aunque no desaparecen del todo.
Sección 01La explicación que casi nadie da
El dato más útil de toda la página es este: muchos niños tienen más berrinches antes y durante el desarrollo del lenguaje. La razón es directa — antes de poder expresarse con palabras se frustran, y el berrinche es la vía fácil que tienen para expresarlo.
Leído así, el berrinche deja de ser un problema de conducta y se vuelve un problema de ancho de banda: el niño tiene mucho más que decir de lo que puede decir.
La AAP lo aclara expresamente, porque es el reclamo que más se escucha: que un niño tenga más berrinches que otro no significa que reciba menos atención. La personalidad influye, y los niños son distintos entre sí desde antes de poder hablar.
Sección 02Las dos situaciones que no se ignoran
Buena parte de los consejos sobre berrinches se resumen en «no le des cuerda». La AAP marca dos excepciones claras a eso:
- Cuando el niño corre riesgo físico — por ejemplo, salir corriendo hacia la calle.
- Cuando está golpeando, pateando, mordiendo o lanzando cosas.
En esos dos casos el berrinche no se ignora: se interviene. La distinción es la que evita que «ignorar el berrinche» se convierta en no hacer nada cuando sí hay que hacer algo.
Sección 03Los ocho consejos de la AAP
| Estrategia | Cómo se ve en la práctica |
|---|---|
| Elogiar en concreto | Prestar atención al buen comportamiento y nombrarlo — no un «bien hecho» genérico, sino qué hizo bien. |
| Dar control sobre cosas pequeñas | Ofrecer opciones acotadas en lugar de preguntas de sí o no: «¿el suéter azul o el rojo?». |
| Distraer | Cambiarlo de habitación u ofrecerle otra cosa antes de que la escalada empiece. |
| Elegir las batallas | Y mantener la consistencia del día a día — la consistencia es la que hace que valga la pena elegirlas. |
| Conocer sus límites | Un niño cansado o hambriento no está en condiciones de negociar nada. |
| No ignorar golpes ni mordidas | Es la excepción de arriba, y aquí vuelve como consejo. |
| Preparar el terreno | Si los berrinches aparecen con el hambre, una colación lista. Si aparecen con el cansancio, prioridad al sueño. |
| Darse un respiro | Turnarse con la pareja o con un amigo cuando la frustración propia sube. Está en la lista de la AAP, no es un extra. |
El berrinche no es un problema de conducta: es un problema de ancho de banda.

La propia página pide hablar con el pediatra si alguno de los comportamientos preocupa. Los berrinches típicos de esta edad son parte del desarrollo; lo que no está en el guion —por intensidad, por frecuencia, por cómo termina— se comenta con él en lugar de resolverse leyendo listas.
Casi siempre hay un patrón, y casi siempre es sueño o hambre
Dos de los ocho consejos de la AAP —conocer sus límites y preparar el terreno— dependen de saber cuándo pasan. Con la rutina y las siestas registradas, «siempre le da a las seis» deja de ser una impresión y se vuelve algo con lo que se puede planear.
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La AAP responde justo a esa comparación: que un niño tenga más berrinches que otro no significa que reciba menos atención. La personalidad influye, y a esa edad las diferencias entre niños son enormes.
Lo otro que vale considerar es el lenguaje. La AAP señala que muchos niños tienen más berrinches antes y durante el desarrollo del habla, porque la frustración de no poder expresarse encuentra esa salida. Si algún comportamiento en particular te preocupa, esa es la conversación que sí conviene llevar al pediatra.
La AAP indica que los berrinches son parte normal del desarrollo y que ocurren sobre todo entre el año y los tres años. Suelen calmarse después de los 3, aunque no desaparecen del todo.
La AAP señala que muchos niños tienen más berrinches antes y durante el desarrollo del lenguaje: antes de poder expresarse con palabras se frustran, y el berrinche es la vía fácil que tienen para expresarlo.
No siempre. La AAP marca dos situaciones en las que un berrinche no se ignora: cuando el niño corre riesgo físico —como salir corriendo a la calle— y cuando está golpeando, pateando, mordiendo o lanzando cosas.
Entre los consejos de la AAP están elogiar en concreto el buen comportamiento, dar control sobre cosas pequeñas con opciones acotadas, distraer, elegir las batallas manteniendo la consistencia, conocer los límites del niño, preparar el terreno con una colación o con prioridad al sueño, y turnarse con otro adulto para tomar un respiro.
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