«Los llaman los terribles dos, los apacibles tres y los agradables cuatros, pero en realidad tener a un niño de tres años puede ser más difícil que uno de dos años.»
Quien lo escribe es la Dra. Kathleen Berchelmann, pediatra, profesora clínica auxiliar de pediatría y vocera oficial de la AAP. Tiene seis hijos. Sus 15 consejos, agrupados.
Sección 011 · Bajar el volumen
El primer consejo es gritar menos. La Dra. Berchelmann lo plantea como una herramienta de último recurso, no como el modo por defecto, y explica el porqué: gritar puede causar un cambio inmediato del comportamiento, pero a largo plazo puede causar un gran daño psicológico.
Y cita el trabajo de la Dra. Joan Luby, del Programa del Desarrollo Emocional Temprano de la Universidad de Washington en San Luis: la crianza positiva en situaciones estresantes, en lugar de los regaños y el castigo corporal, está asociada al aumento de ciertas áreas del cerebro.
Sección 022 · Nombrar la conducta, no al niño
«En lugar de enojarse, identifique el comportamiento.» La Dra. Berchelmann cuenta que la idea le llegó de Plaza Sésamo, en la escena donde acusan al Monstruo de las Galletas de mentir y él responde: «Yo soy un glotón, no un mentiroso».
Desde entonces en su casa usan palabras como glotonería, paciencia, amabilidad y diligencia. Su ejemplo: cuando su hija de seis se burla de sus hermanos, le dice «¡Eso no es amabilidad!». La conducta tiene nombre; el niño no queda etiquetado.
Sección 033 · Estar en sintonía y preguntarse el porqué
Estar en sintonía es, en su definición, ponerse en el lugar del niño y responder a sus necesidades con la sabiduría de un padre. En la práctica significa buscar la raíz: por qué no se pone los zapatos, por qué está haciendo un berrinche — y adaptar la consecuencia a eso.
Su contraste es directo: los papás en sintonía no usan el tiempo fuera como única herramienta correctiva; primero se preguntan el porqué del mal comportamiento.
Sección 044 · Atención frecuente, en dosis pequeñas
El escenario es reconocible: el niño te quita el celular, golpea el teclado mientras escribes, vuelca la ropa apilada. La Dra. Berchelmann parte de una realidad —no puedes darle atención todo el tiempo— y propone algo distinto: en cuanto notes que está buscando llamar tu atención, dale atención total por unos segundos.
- Míralo directamente a los ojos
- Hazle algunas preguntas y escucha su respuesta
- Usa lenguaje corporal que muestre que le estás poniendo atención, como dejar el teléfono a un lado
- Mientras escuchas, piensa cómo reorientarlo
Sección 055 · Reorientar según lo que necesita
Su regla de lectura es útil porque distingue dos casos opuestos:
| Lo que ves | Lo que suele necesitar |
|---|---|
| Comportamiento agresivo: arrebata juguetes, grita | un cambio de dirección físico — un rato de bicicleta al aire libre |
| Tirado en el piso, gimoteando | un poco de atención y una actividad tranquila — leerle un libro |
Y pide hacerlo pronto y con voz cariñosa, no cuando la escena ya escaló.

Sección 066 · Abrazar, incluso cuando no se lo merece
La instrucción es literal: estar dispuesto a dejar el trabajo a un lado para abrazarlo, muchas veces al día. Y decirle «te quiero» con palabras, especialmente cuando no se está portando bien.
Sección 077 · Anticipar a los reincidentes
Los niños, como los adultos, repiten sus patrones: la ropa de la mañana, el cinturón de la silla del coche. La Dra. Berchelmann recomienda conocer esos episodios que se repiten, intervenir temprano y animar al niño a tomar buenas decisiones.
Su ejemplo es de su propia casa. Una de sus hijas de tres se negaba a abrocharse en la silla porque descubrió que así controlaba a toda la familia: el coche no arrancaba hasta que ella cediera, y entre más se resistía, más se enojaban los demás. Un día, camino al coche, le propuso: «si todos dicen “¡te queremos!” tres veces, ¿puedo abrocharte?». La niña pidió cinco. Lo hicieron y todos se rieron.
«Al darle un poco de control a ella en un asunto pequeño, usted puede controlar toda la situación.»
Sección 088 · Reglas cortas, elogio en el momento
Propone escribir las reglas de la familia, y para un niño de tres, que sean pocas y simples. Su lista de ejemplo:
- Usar la voz en tono afectuoso
- Obedecer a mami y papi
- No lastimar a otras personas
Las reglas se platican a diario y se elogia su cumplimiento en la cena o a la hora de dormir. Sobre el elogio da dos precisiones: elogia muchas más veces de las que corriges, siempre en el momento, y elogia el esfuerzo, no el resultado — porque demasiado elogio al resultado puede fijar expectativas muy altas y llevar al niño a temer el fracaso.
Sección 099 · Enseñar la obediencia como se enseña un juego
«Los niños no nacen obedientes. Tenemos que enseñarles.» Y reconoce la tensión de la edad: a los tres buscan autonomía por naturaleza y lucharán contra la obediencia. El truco, dice, es que quieran obedecer porque reciben elogio y reafirmación positiva cuando hacen lo que les pides.
Su método es un juego: «Simón dice», convertido en «mami dice» o «papi dice». Se empieza con instrucciones simples —tocarse la cabeza, aplaudir— y se va llevando a cosas reales, como guardar los juguetes en su lugar.
Sección 1010 · Calcomanías, consistencia y acuerdos
- Un cuadro de comportamiento con calcomanías
«Las calcomanías nunca serán tan poderosas como cuando su niño tiene 3 años. Disfrútelo.» Sirve para dar seguimiento a los días que logra algo concreto.
- Consistencia, que no es dureza
no significa castigos fuertes ni gritos: significa abordar con consistencia los mismos problemas. Si dejar los zapatos en el piso no está bien el lunes, no se los recoges el martes.
- Ponerse de acuerdo con los demás cuidadores
¿qué sistema de reafirmación positiva usan en el preescolar? ¿Y en casa de la abuela? Si algo funciona fuera, úsalo en casa: las reglas de la escuela y del hogar deben ser lo más similares posibles.
- El tiempo fuera, cuando todo falla
sin enojo. El lugar se señala con anticipación y se mantiene siempre el mismo. Un minuto por cada año de vida, o hasta que deje de llorar y sea amable. Mientras patalea, dile suavemente que lo quieres.
«Resista el impulso de hacerlo entrar en razón. Él tiene 3 años. No será razonable.»
Sección 1111 · El consejo 15 es para ti
El último de la lista no es sobre el niño: cuídate. Pide ayuda, toma un descanso, trata a fondo las situaciones que lo ameriten. Y cierra con la única promesa que hace el artículo: pronto cumplirá cuatro — «espero que realmente sean los agradables cuatro».
Es la propia AAP la que lo nombra: «si se da cuenta que le está gritando demasiado a sus niños, usted necesita otras opciones». No lo trata como una falla de carácter, sino como la señal de que hace falta otra herramienta. Los 14 consejos anteriores son esas herramientas, y si aun así el día a día te rebasa, platícalo con su pediatra: es parte de lo que se ve en consulta.
Los reincidentes se ven cuando quedan anotados
«El pleito de la mañana» deja de ser una sensación cuando ves que lleva ocho días seguidos. Ahí es donde se puede intervenir temprano, que es justo lo que recomienda la AAP.
Ver Kangu
La AAP propone un minuto por cada año de vida, o bien que se quede en el lugar hasta que deje de llorar y sea amable.
Con dos precisiones que suelen olvidarse: el lugar se señala con anticipación y se mantiene siempre el mismo, y mientras el niño patalea conviene decirle suavemente que lo quieres, en lugar de intentar hacerlo entrar en razón.
La Dra. Kathleen Berchelmann, pediatra y vocera de la AAP, lo plantea así: los llaman los terribles dos, los apacibles tres y los agradables cuatros, pero en realidad tener a un niño de tres años puede ser más difícil que uno de dos. A esa edad buscan autonomía por naturaleza y luchan contra la obediencia.
La AAP señala que gritar puede causar un cambio inmediato del comportamiento, pero a largo plazo puede causar un gran daño psicológico, y cita investigación que asocia la crianza positiva en situaciones estresantes con el aumento de ciertas áreas del cerebro.
El esfuerzo, y en el momento. La AAP advierte que demasiado elogio puede tener un efecto contrario: fijar expectativas muy altas y llevar al niño a temer el fracaso.
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