La AAP no llega a este tema con una prohibición, sino con dos ideas y cinco preguntas. Las dos ideas son las que sostienen todo lo demás.
Sección 01Las dos cosas que hay que tener presentes
- En internet nada es completamente privado y todo es permanente. Siempre hay maneras de obtener el material —una captura de pantalla basta— y borrar algo no lo hace desaparecer del todo.
- La información es del hijo, no de los padres. En palabras de la AAP: «en última instancia, no es su información: pertenece a sus hijos».
La segunda idea es la incómoda, porque le cambia el marco al asunto: un adulto que publica algo suyo eligió publicarlo. Un niño no pudo opinar. La AAP lo plantea como un tema de derecho a la privacidad del niño.
Sección 02Las cinco preguntas, tal como las plantea la AAP
| # | La pregunta |
|---|---|
| 1 | ¿Por qué lo estás compartiendo? |
| 2 | ¿Te gustaría que alguien compartiera lo mismo sobre ti? |
| 3 | ¿Podría tu hijo avergonzarse de esto ahora o en el futuro? |
| 4 | ¿Hay alguna persona en el mundo que no debiera ver esto, ahora o en el futuro? Si la respuesta es sí, no se comparte. |
| 5 | ¿Quieres que esto forme parte de la huella digital de tu hijo? |
La cuarta es la que más filtra, porque es la única formulada como criterio y no como reflexión: si existe alguien que no debiera verlo, no se publica. No hay ajuste de privacidad que sostenga la respuesta contraria.
La AAP recomienda acordarlo con la pareja —para que no haya dos criterios en la misma casa— y conversarlo en familia cuando los hijos tengan edad para entender. La autora cuenta que a los suyos les dio «derechos de edición» sobre lo que escribe de ellos.
«En última instancia, no es su información: pertenece a sus hijos.»

Sección 03Qué es esta recomendación y qué no
Conviene decirlo con precisión: es la postura editorial de una vocera de la AAP, argumentada, no un estudio de consecuencias. El caso extremo que cita —una pareja que perdió la custodia de dos hijos tras publicar videos de «travesuras»— ella misma lo presenta como un ejemplo extremo y un relato con moraleja, no como el desenlace habitual.
Lo que sí aporta es un método. Cinco preguntas tardan menos en contestarse que en leerse, y se pueden aplicar antes de cada publicación sin tener que decidir de antemano una postura general para toda la vida.
No es una lista de reglas sobre qué publicar y qué no, ni una recomendación de configuraciones de privacidad. Es un criterio para decidir, y la decisión sigue siendo de cada familia — con la salvedad que la AAP subraya: la persona de la foto no votó.
Guardar no tiene por qué ser publicar
Buena parte de las fotos que terminan en redes están ahí porque no había otro lugar donde guardarlas con fecha y contexto. Un álbum privado resuelve eso sin convertir cada recuerdo en una publicación.
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La primera de las dos ideas de la AAP responde justo eso: en internet nada es completamente privado y todo es permanente. Siempre hay maneras de obtener el material —una captura de pantalla es suficiente— y borrar algo no lo hace desaparecer del todo.
Dicho eso, la AAP no pide dejar de publicar: pide pasar cada publicación por las cinco preguntas. La cuarta es la que más ordena en un caso como el tuyo: si hay alguna persona en el mundo que no debiera ver esa foto, ahora o en el futuro, no se comparte.
Es el término en inglés que usa la AAP para la práctica de los padres de compartir información y fotos de sus hijos en redes sociales.
Cinco: por qué lo estás compartiendo; si te gustaría que alguien compartiera lo mismo sobre ti; si tu hijo podría avergonzarse de esto ahora o en el futuro; si hay alguna persona en el mundo que no debiera verlo —y si la respuesta es sí, no se comparte—; y si quieres que esto forme parte de la huella digital de tu hijo.
La AAP parte de que en internet nada es completamente privado y todo es permanente: siempre hay maneras de obtener el material, como una captura de pantalla, y borrar algo no lo hace desaparecer del todo.
Según la AAP, del hijo: «en última instancia, no es su información: pertenece a sus hijos». Es el argumento por el que plantea el tema como un derecho a la privacidad del niño, que no pudo opinar sobre la publicación.
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