Sección 01Cuándo y cómo se hace
La AAP describe que la primera evaluación auditiva se hace entre el primer y el segundo día de vida, antes de que el bebé salga del hospital. Dura de 5 a 10 minutos, no duele y se hace idealmente con el bebé dormido: le ponen unos audífonos pequeños o unos sensores y una computadora hace el resto.
Hay dos métodos, y depende del hospital cuál usan: la respuesta auditiva automatizada del tronco cerebral —AABR—, que mide cómo responde el nervio auditivo al sonido, y las emisiones otoacústicas —OAE—, que miden el eco que devuelve el oído interno.
No duele, no requiere que el bebé colabore y se hace mientras duerme.
Sección 02Si piden repetirla, no es un diagnóstico
Es la parte que más asusta y la que peor se explica. Un resultado que pide repetirse no significa que el bebé no oiga: puede deberse a líquido que todavía queda en el oído después del nacimiento, a ruido en el cuarto o a que el bebé se movió.
La AAP marca tiempos concretos: si el primer resultado no es el esperado, la prueba se repite a más tardar al mes, y el diagnóstico completo debe quedar hecho a más tardar a los 3 meses. Cuando hace falta intervención, empezarla antes de los 6 meses es lo que marca la diferencia en el desarrollo del lenguaje.
Ese calendario —1, 3 y 6 meses— es la razón entera por la que la prueba se hace al nacer y no cuando alguien nota algo. La AAP describe que alrededor de 6,000 niños al año nacen en Estados Unidos con una audición fuera del rango típico.
Sección 03Qué esperar en casa, mes a mes
El tamiz es la prueba. Lo que sigue en casa no es una prueba, es observación —y aun así vale la pena saber qué se espera ver.
- Al mes: se sobresalta con un ruido fuerte y repentino.
- Entre los 3 y 4 meses: voltea buscando de dónde viene un sonido, y se calma o cambia de cara al oír tu voz.
- Hacia los 6 meses: balbucea, juega con sonidos, responde cuando le hablas.
- Entre los 12 y 15 meses: dice palabras sencillas como «papá» o «mamá», y responde cuando lo llaman por su nombre.
Que falte alguna de esas cosas en un día cualquiera no significa nada. Que falte de forma consistente es motivo para comentarlo con el pediatra —no para concluir nada por tu cuenta—.

La audición puede cambiar después por infecciones de oído, por líquido persistente o por otras causas. Por eso las señales de arriba siguen sirviendo aunque el tamiz haya salido bien, y por eso el pediatra vuelve a preguntar por la audición en cada consulta del niño sano.
El tamiz auditivo no se hace porque se sospeche algo. Se hace precisamente porque a esa edad no se puede sospechar nada.
La cita de repetición es la que se pierde
Entre el alta, las visitas y el cansancio, la cita del mes es justo la que se traspapela. Anótala en Kangu el mismo día que te la den y deja de depender de acordarte.
Anotar la cita
No es lo que dice ese resultado. La AAP explica que un tamiz que pide repetirse suele deberse a líquido en el oído después del nacimiento, ruido ambiental o movimiento del bebé, y que por eso la prueba se repite.
Lo que sí importa es el calendario: repetirla a más tardar al mes y, si hace falta, tener el diagnóstico completo a más tardar a los tres meses. Esa cita es la parte que no se pospone.
Si quieres tener juntas la fecha del tamiz, el resultado y la cita de seguimiento, Kangu te las guarda con fecha.
No. La AAP describe una prueba de cinco a diez minutos, indolora, que se hace idealmente con el bebé dormido.
La AABR mide cómo responde el nervio auditivo al sonido y la OAE mide el eco que devuelve el oído interno. Cuál se usa depende del hospital; las dos sirven como tamizaje.
El tamiz se hace igual, solo que fuera del hospital hay que agendarlo. Pregúntale al pediatra en la primera cita dónde se lo pueden hacer y en qué plazo.
La AAP señala que iniciar la intervención antes de los 6 meses mejora el desarrollo del lenguaje. Eso no significa que después no sirva; significa que antes sirve más.
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