El dato con el que la AAP abre pone la escala: casi 5 de cada 6 niños sufren una infección de oído antes de cumplir los tres años. No es mala suerte ni descuido — es una consecuencia bastante directa de cómo está hecho un niño pequeño.
Sección 01Qué es exactamente, y qué no es
La otitis media ocurre cuando bacterias o virus infectan el espacio detrás del tímpano, que normalmente está lleno de aire. Ese espacio se conecta con la parte de atrás de la nariz y la garganta por la trompa de Eustaquio; cuando se obstruye —casi siempre por un resfriado o una alergia— se acumula líquido y se crea el ambiente donde crecen los gérmenes.
No hay que confundirla con la infección del conducto auditivo, la otitis externa, que es la que se conoce como oído de nadador. Son dos cosas distintas, en dos lugares distintos.
Sección 02Por qué a los niños sí y a los adultos casi no
- Su sistema inmunitario todavía está en desarrollo.
- Su trompa de Eustaquio es más corta, más estrecha y más horizontal que la de un adulto, lo que dificulta que el líquido drene.
A eso se suman factores que la AAP nombra como de riesgo: un resfriado o una alergia en curso, la exposición diaria a gérmenes en la escuela o la guardería, tomar el biberón acostado y la exposición al humo de segunda y tercera mano.
Jalarse la oreja no es por sí solo señal de infección. La AAP explica que muchos bebés lo hacen para tranquilizarse o simplemente porque descubrieron que la oreja está ahí. Es de los gestos peor interpretados de toda la crianza.
Sección 03Lo que sí se nota
El síntoma principal es el dolor, y en un bebé el dolor no se nombra: se ve. Aparece como irritabilidad y llanto, y hay un detalle que ayuda a distinguirlo — puede notarse más durante las tomas, porque succionar y tragar cambian la presión del oído medio. De ahí también el menor apetito y la dificultad para dormir.
Puede aparecer secreción amarilla o blanca, a veces con restos de sangre y con mal olor, distinta de la cera normal. Cuando eso ocurre el dolor suele bajar, y conviene saber que eso no significa que la infección se esté yendo: no es una emergencia, pero exige que el pediatra revise al niño.
Y puede haber dificultad para oír durante la infección y después, por semanas, porque el líquido detrás del tímpano interfiere con el sonido. La AAP señala que suele ser temporal.
Jalarse la oreja no es la señal. El dolor durante las tomas se parece mucho más a una.

Sección 04No todo dolor de oído es infección de oído
La AAP enumera otras causas del mismo síntoma: el oído de nadador, la baja de presión por resfriados o alergias, el dolor de garganta, la dentición o las encías inflamadas y la inflamación del tímpano durante un resfriado, sin acumulación de líquido. Otra razón por la que el diagnóstico no se hace desde la sala de la casa.
Sección 05Por qué el pediatra puede decidir esperar
Suena a contradicción y no lo es: alrededor del 80 % de las infecciones de oído infantiles desaparecen solas y sin medicamentos. Por eso el médico puede optar por una espera con observación antes de recetar. Y puede inclinarse por el antibiótico si el niño tiene menos de 2 años, si la infección es grave, si los síntomas llevan varios días y empeoran, o si el niño tiene el sistema inmunitario debilitado.
Si receta uno, hay que terminarlo completo y estar pendiente de efectos secundarios, que ocurren en alrededor de 1 de cada 5 niños según esta página de la AAP.
El diagnóstico exige que el pediatra mire dentro del oído: no se hace por teléfono ni por foto. Nunca se le da aspirina a un bebé o infante, por el riesgo de síndrome de Reye. Y la infección de oído no es contagiosa — lo contagioso es el virus que la antecede. Cuándo revisar, cuándo esperar y cuándo tratar lo decide su pediatra.
Llegar a la consulta con el historial, no con el recuerdo
«Lleva tres noches despertándose y come menos desde el jueves» es una frase que se construye con registros, no con memoria. Anotar el llanto, las tomas y el sueño alterado le da al pediatra el antes y el después que él necesita para decidir.
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La AAP describe justo esa secuencia: cuando aparece secreción el dolor suele bajar, y advierte que eso no significa que la infección se esté yendo. Señala también que no es una emergencia.
Lo que sí pide es que el pediatra revise al niño, porque esa secreción —amarilla o blanca, a veces con restos de sangre y con mal olor— es distinta de la cera normal y él necesita mirar el oído para saber qué está pasando.
Muy común: la AAP indica que casi 5 de cada 6 niños sufren una antes de cumplir los tres años.
No por sí solo. La AAP explica que muchos bebés se jalan la oreja para tranquilizarse o para jugar, y que ese gesto aislado no es señal de infección.
No. La AAP señala que alrededor del 80 % de las infecciones de oído infantiles desaparecen solas y sin medicamentos, y que por eso el médico puede optar por una espera con observación. Puede inclinarse por el antibiótico si el niño tiene menos de 2 años, si la infección es grave, si los síntomas empeoran tras varios días o si el sistema inmunitario está debilitado.
No. La AAP indica que la infección de oído no es contagiosa; lo contagioso es el virus del resfriado que suele antecederla.
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